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Danza y tela al son de África

Jesus Corzo para Afric Forum

África esa gota inmensa que cuelga de Europa, salpica a veces nuestro interior hasta empaparnos de una corriente que nos arrastra una y otra vez hacia el continente. Nos conecta con sus idiomas, sus culturas, su forma de vivir, en general, con la idiosincrasia que, de no pisar el suelo africano, no se logra explicar por mucha multimedialidad que tengamos a día de hoy. Sí que se puede sentir conectando a través de la danza, como le pasó a Itziar Arroyo, más conocida como Itziar Kan, quien a través de participar en una asociación hace ahora 20 años que estaba en la calle Bailén, junto a unas amigas empezó a tomar contacto con el baile: “Allí fuimos tomando contacto con gente que pasaba por la asociación, y nos fuimos interesando un poco más en lo que era el baile, las realidades que tenían...Era una asociación de gente africana, sobre todo de gente de Congo y Nigeria que fueron de los primeros que llegaron a Bilbao como exiliados políticos con problemas de allí. Era un punto de encuentro, luego lo utilizaban también para sus reuniones...etc” comenta Itziar.

 

Una iniciativa con los primeros migrantes que recibía Bilbao, en un escenario distinto al que de hoy, y ella, impulsada por la danza decidió adentrarse en la danza africana: “No había casi nada... te estoy hablando de 1998, conocía los bailes cubanos, y siempre me había atraído Africa... mi late motiv ha sido la danza pero al final la danza está inmersa en una cultura, y conocer una danza es conocer una cultura”.

Y de aquellos pequeños zarpazos al baile y pasos a golpe de timbal, nació Afrika Ruge: “Era para dar cabida a artistas africanos que venían a Bilbao... tanto emergentes como consagrados... por ejemplo en diciembre hacemos el festival Afrika Ruge desde hace diez años, donde traemos artistas que a nivel mundial están llevando toda una labor de transmisión importante, con mucho respeto a su cultura y pensando en compartir”. La edición de este año iba a ser la décima pero ha sido postpuesta.

En Hacería de Deusto y la alhóndiga de Rekalde es donde Itziar imparte clases semanalmente los martes y los miércoles: “Tengo dos grupos uno, amateur y otro profesional. La manera de transmitir la danza mía y como a mí me la han transmitido, es transmitiendo a la vez una cultura, no solo unos pasos de baile. El vínculo está ahí y la gente va conociendo la realidad africana con las clases, y luego los músicos percusionistas que vienen son africanos... y se va generando un hilo, al terminar solemos tomar algo, se crean conversaciones...y por supuesto hemos viajado a África”

Danza y Cultura

Ha estado en Burkina-Faso, Senegal y Guinea formándose, allí hospedada con una familia, asegura aprender y participar de las costumbres: “En África la danza no es una cosa metodológica de academia, la danza está en la calle, entonces es lo que se intenta transmitir. De maestro a maestro se va transmitiendo como una riqueza cultural que tienen.”.

Hace mucho hincapié en absorción de cultura a través de la danza, como el agua de una fuente que emana valor, tradición y costumbres: “Cuando transmites la danza transmites la cultura... imagínate yo hago la danza tradicional, intento aprender respetando toda la tradición, con un rito de iniciación etc... en el idioma, con la idiosincrasia, es imposible no conocer aspectos culturales mientras conoces la danza.

En sus clases se puede oír el golpeo constante del djembe por ejemplo, originario de Mali y Guinea y que ha pasado por Senegal, Costa de Marfil o Burkina Faso. También y marcando el ritmo constante está el dunun, un instrumento con forma de tambor y de sonido más grave.

La música y el baile no paran nunca en Afrika Ruge: “En abril vamos a Burkina-Faso con un proyecto que se llama “A través de mi tierra”en el que se enlaza un colectivo de América Latina y europeo que se unen en Burkina-Faso” comenta Itziar Kan.

Una pasión por la danza que a través de sus pasos ha hecho estar al compás del ritmo africano, de su gente y de su cultura, una conexión, como la que vivió Ibone Garamendi–Mama Kitenge–, tal y como le bautizaron los tanzanos– la siguiente protagonista de este reportaje sobre miradas hacia África, tras un viaje a Tanzania que le ha hilvanado a África: “Fuimos con un pequeño proyecto, una amiga y yo, con unos niños y luego a conocer el país, ahí fue cuando empecé a conocer la telas africanas, las veía por todas partes, gente vestidas con ellas, las vendían en muchos sitios... y a mí me encantaban, yo compraba por todas partes, tras mi primer viaje me vine con más de 24kg en telas y yo no sabía coser...” asegura entre risas Ibone.

Estas telas :”Son telas de algodón, están hechas con un proceso similar al de batik de Indonesia, un sistema de tinte a base de ceras y el tejido del propio algodón”.

 

Aunque la producción de la distribución con la que trabaja es europea, concretamente holandesa, es de inspiración africana, pero donde ha triunfado realmente ha sido en Africa. Ya hay fábricas en Africa, en Mali, Senegal y Tanzania donde se están produciendo.

 

Flechazo textil

“Las conocía un poco, de haberlas visto en Bilbao y me llamaban la atención, pero fue en Tanzania donde realmente me convencí de los Kitenges, que es como se llaman allí estas telas, en Kenia, Uganda y así también se le llama así” comenta Mama Kitenge.

“Este viaje fue en enero y luego volví otra vez que fue cuando me vine con las telas. Surgió así, no fue premeditado, fue un viaje que me cambió por completo. Al volver, creé una marca, sin ninguna pretensión, porque como siempre he ido a mercadillos y tal... pues así empezó con unas riñoneras... luego dije: ¡pues habrá que aprender patronaje!, y ves que vas vendiendo y vas creciendo y se va formando un proyecto, y ya tengo una marca al final.”

Ese viaje a África cambio mi vida, me sentí libre, grande, segura... en un lugar desconocido y alejado de los míos. Hablar con las mamas en Suajili... las inmensas llanuras del Serengeti, ver el Kilimanjaro mientras caminaba, su gente y su baile y esa alegría que transmiten, esa vida...Yo eso sentí, y eso siento...Siempre estaré enamorada de áfrica” rememora Ibone apasionadamente.

Ya ha empezado a coser, porque de estas reminiscencias ya han pasado 5 años, donde esta diseñadora ha ampliado artes a patronaje y a costura. Como hemos mencionado al principio el nombre no es casual: “En los últimos días del viaje me empezaron a llamar Mamá Kitenge, porque como cada día iba con un atuendo e iba con las telas en la maleta” comenta entre risas.

Actualmente ese proyecto se ha traducido o materializado en: “Un taller y vendo online a través de la web y a tiendas y en ferias. Hago faldas, pantalones, camisetas, sudaderas... es más ropa de verano, en invierno bufandas, cuellos... las sudaderas son customizadas y trabajo con marcas con algodones certificados”.

 

Con todo esto le ha dado también para dar sus pinitos en cursos: “Imparto un curso de turbantes, como ponérselo...etc que es un complemento que siempre he usado”

Precedentes emocionales

“La gente que va a veces me trae telas, y cuando van a las tiendas les dicen: <<¿Te acuerdas de la chica que compraba telas y tal?>> Pues mira ha montado esto y se alegran mucho”

No tiene un componente exacto sobre su atracción con el gran continente: “Me atraía la música, el baile... me llamaba eso, siempre lo he dicho no es que yo estuviera muy documentada en África, o de la cultura... por qué no lo sé pero me llamaba la atención, veía y me apetecía conocer y pues fui. Te das cuenta de muchas cosas que no te das cuenta pero están. Por ejemplo, cosas que aquí son una mierda allí es una bomba... te das cuenta que no necesitas la mitad de cosas que tienes...

Parece muy típico el que te cambie un viaje pero así lo sentí” afirma Ibone.

Quienes han podido testar su material dan el aprobado: “A los africanos de aquí que conozco les gusta, me dan el visto bueno. En una feria me pasó que venía gente de Londres, París... y se paraban y yo pensando a ver qué me van a decir... y resulta que les gustó, lo agradecí mucho, reconforta”.

Dos historias, una conexión, un puerto: África. Ambas han sabido canalizar a través de sus artes esas pasión, y convertirla en un modo de vida, de esa pequeña gota que miramos

 

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